El indicador Autoestima académica y motivación escolar considera, por una parte, la autopercepción y la autovaloración de los estudiantes en relación con su capacidad de aprender y, por otra parte, las percepciones y actitudes que tienen los estudiantes hacia el aprendizaje y el logro académico.

 

El indicador Autoestima académica y motivación escolar considera, por una parte, la autopercepción y la autovaloración de los estudiantes en relación con su capacidad de aprender y, por otra parte, las percepciones y actitudes que tienen los estudiantes hacia el aprendizaje y el logro académico.

 

Se contemplan las siguientes dimensiones:

Este indicador contempla las siguientes dimensiones:

Autopercepción y autovaloración académica: incluye tanto las percepciones de los estudiantes frente a sus aptitudes, habilidades y posibilidades de superarse, como la valoración que hacen sobre sus atributos y habilidades en el ámbito académico.

Motivación escolar: incluye las percepciones de los estudiantes respecto de su interés y disposición al aprendizaje, sus expectativas académicas y motivación al logro, y sus actitudes frente a las dificultades en el estudio.

 

En términos generales, la autoestima se refiere a lo que una persona piensa de sí misma y a lo que siente al respecto. La motivación, por su parte, se refiere a un estado interno que activa, dirige y mantiene la conducta de las personas.

El indicador Autoestima académica y motivación escolar evalúa la autoestima y la motivación de los estudiantes en relación con el ámbito académico. Se limita a esta esfera porque es en ella donde el establecimiento tiene mayor influencia y, por lo tanto, una mayor responsabilidad en su desarrollo.

La autopercepción y autovaloración académica se refiere a lo que los estudiantes piensan y sienten sobre sus capacidades académicas, es decir, a la opinión que tienen de sí mismos como estudiantes. Por ejemplo, un estudiante con una buena autoestima académica es aquel que siente que tiene habilidades para algunas
asignaturas, que si estudia puede alcanzar buenos resultados y que es capaz de aprender lo que los profesores enseñan en clases. En contraste, un estudiante con baja autoestima académica es, por ejemplo, aquel que piensa que no es bueno para ninguna asignatura, que aunque estudie tendrá un mal rendimiento o que no
tiene capacidades para mejorar y aprender.

La motivación escolar se refiere a la disposición del alumno para estudiar, aprender y desempeñar las acciones propias de un estudiante. Por ejemplo, un alumno con alta motivación escolar es aquel que se interesa por las actividades escolares, tiene altas expectativas académicas, tolera las dificultades e invierte esfuerzo en las
tareas y estudio. En contraste, un estudiante con baja motivación escolar sería aquel desinteresado por las actividades escolares, que abandona el estudio ante las dificultades, que no se esfuerza por alcanzar un buen desempeño, entre otros.

Como es posible notar, la autoestima académica y la motivación escolar son dimensiones íntimamente relacionadas y que se influencian mutuamente. Un estudiante que se siente capaz académicamente es más probable que se interese e invierta esfuerzo en las actividades escolares. Asimismo, un estudiante que está motivado e interesado por el estudio y el aprendizaje probablemente se esfuerce más y obtenga resultados que beneficien su autoestima académica. Es decir, la autoestima y la motivación académica influencian conjuntamente la forma en que los estudiantes piensan, sienten y se comportan en relación con las actividades escolares.

 

¿Por qué son importantes la autoestima académica y la motivación escolar? 

¿La autoestima académica y la motivación escolar son ámbitos claves para el desarrollo integral de los niños y jóvenes durante la etapa escolar, pues influyen no solo en el rendimiento académico de los alumnos, sino también en su salud, calidad de vida y nivel de bienestar.

Una autoestima académica adecuada y una alta motivación escolar contribuyen al desarrollo integral de los estudiantes y favorecen un proceso sano de construcción y definición de identidad, ya que permiten que los niños y jóvenes tengan confianza en sí mismos y se sientan seguros para vivir nuevas experiencias y asumir
desafíos, para esforzarse sin temor al fracaso o para relacionarse libre y sinceramente con los demás. Un establecimiento que se preocupa y promueve la autoestima académica y la motivación escolar contribuye a formar jóvenes, que se aceptan con sus fortalezas y debilidades, y que tienen la confianza y la energía para
esforzarse y emprender desafíos enriquecedores para su desarrollo y crecimiento personal.

Asimismo, en el marco de favorecer un desarrollo sano e integral, una buena autoestima académica y una alta motivación escolar disminuyen las probabilidades de que los estudiantes incurran en comportamientos antisociales o en conductas que podrían obstaculizar su proceso de maduración y crecimiento. Por ejemplo,
un estudiante con buena autoestima académica y motivado con la vida escolar tiene menos posibilidades de cometer conductas vandálicas o delinquir, de ser víctima o victimario de bullying, de consumir alcohol y drogas, de ausentarse reiteradamente o de desertar del sistema escolar, o de involucrarse en prácticas sexuales
de riesgo.

Existe amplia evidencia sobre el impacto positivo que tiene una adecuada autoestima académica y motivación escolar en el contexto educativo y en el rendimiento académico de los estudiantes. Lo que los estudiantes piensan y sienten acerca de sí mismos y de sus competencias influye significativamente en cómo se desempeñan en el proceso de enseñanza-aprendizaje y enfrentan los desafíos académicos. Si un alumno siente que es capaz de aprender y obtener buenos resultados, aumentan las probabilidades de que aprenda mejor, disfrute las instancias de aprendizaje, se esfuerce más y obtenga mejores resultados. A su vez, obtener mejores resultados favorece la autoestima y la motivación escolar, lo que genera un círculo virtuoso que se retroalimenta continuamente.

Una buena disposición de los estudiantes hacia el estudio y las actividades escolares también incide directamente en el desempeño académico. Aprender requiere un involucramiento activo por parte de los estudiantes: es necesario poner atención, dedicar tiempo y esfuerzo, y posponer otras actividades. Nada de esto ocurre si
perciben que lo que deben aprender no es estimulante y les aporta poco a su vida. Los resultados Pisa 2012 entregan evidencia en este sentido. Este estudio señala que, a los 15 años, los alumnos que tienen menor motivación por las actividades escolares muestran un rendimiento más bajo, en cambio, los que presentan una
mejor actitud e interés ante la vida escolar obtienen mejores resultados. Lo preocupante es que el 91% de los estudiantes chilenos piensan que el colegio ha sido una pérdida de tiempo, y la mayoría declara que no le gusta leer ni disfruta de la matemática.

 

¿Cómo se evalúa el indicador Autoestima académica y motivación escolar?

El indicador Autoestima académica y motivación escolar es evaluado sobre la base de la información recogida en los cuestionarios Simce para estudiantes. Estos cuestionarios contienen preguntas cerradas, generalmente con escalas de respuesta de cuatro alternativas, que reflejan distintos niveles de autoestima y motivación de los estudiantes, desde un nivel adecuado a uno bajo.

El puntaje de este indicador se estima en forma independiente para la educación básica y la educación media. Para esto, se llevan a cabo los siguientes pasos:

1. Cálculo del puntaje por estudiante: se asigna un puntaje a cada estudiante, basándose en sus respuestas en las preguntas del cuestionario Simce relacionadas con el indicador. El puntaje obtenido es mayor cuando las respuestas reflejan un mayor nivel de autoestima académica y motivación escolar.

2. Cálculo del puntaje por grado: se promedian los puntajes de todos los estudiantes de un determinado grado que responden el cuestionario Simce.

3. Cálculo del puntaje por ciclo (educación básica o educación media): se agregan los resultados del indicador de todos los grados correspondientes al ciclo evaluado, para lo cual se promedian los puntajes por grado, ponderándolos por el número de estudiantes que rindió la prueba Simce en cada uno de ellos.

Puntaje por estudiante
+
Puntaje por grado
+
Puntaje por ciclo
=
Puntaje de Autoestima académica y motivación escolar en educación básica o educación media

 

Los puntajes de este indicador se expresan en una escala de 0 a 100, y están asociados a dos categorías de autoestima académica y motivación escolar, como se señala en el cuadro Nº 1. Los puntajes de corte de dichas categorías serán fijados por la Agencia de Calidad de la Educación en la primera Ordenación de
establecimientos.

Cuadro Nº 1. Categorías de Autoestima académica y motivación escolar por estudiante 

Categoría por estudiante
> Autoestima académica y motivación escolar adecuada
> Autoestima académica y motivación escolar baja

 

El puntaje del establecimiento también se expresa en una escala de 0 a 100 puntos, y corresponde al promedio del puntaje de los estudiantes.

Además del puntaje obtenido por el establecimiento en educación básica o educación media, se dará a conocer la distribución de los estudiantes en las dos categorías, es decir, el porcentaje de estudiantes que tiene una autoestima académica y motivación escolar adecuada y el porcentaje que presenta un nivel bajo
en el indicador. También se informará la distribución promedio a nivel nacional y la de los establecimientos similares, con el fin de que se puedan comparar los resultados.

 

¿Qué hacen los establecimientos que promueven el desarrollo de una autoestima académica positiva y una alta motivación escolar?

Los establecimientos que promueven el desarrollo de la autoestima académica y la motivación escolar entre sus estudiantes implementan, generalmente, algunas de las siguientes medidas:

✓ Generan ambientes acogedores, donde todos los estudiantes se sienten protegidos, aceptados y valorados.
Los establecimientos promueven entre los profesores la idea de que todos los alumnos deben ser tratados con respeto, preocupación y afecto. Concretamente, los docentes establecen contacto visual con los alumnos, los tratan por su nombre o apellido, los escuchan con atención, empatizan con ellos, contestan sus preguntas y valoran sus aportes, evitan hacer comentarios humillantes, el uso de ironías y las comparaciones entre compañeros. A su vez, los establecimientos promueven el buen trato entre los estudiantes y corrigen las faltas de respeto.

✓ Desarrollan una imagen positiva de cada curso.
Los establecimientos ayudan a generar entre los alumnos una imagen positiva de su curso. Por ejemplo, resaltan las características positivas del curso, explicitan constantemente sus logros y avances, le reconocen esfuerzos específicos, destacan y exponen los trabajos de los estudiantes, comunican a los padres los motivos por los cuales deben sentirse orgullosos de ellos y los incentivan a emprender actividades constructivas como curso.

✓ Comunican confianza en las capacidades de los estudiantes.
Los establecimientos promueven entre los profesores la idea de que todos los alumnos pueden aprender, desarrollar habilidades y superarse, lo que se traduce en que los docentes les entregan responsabilidades a los estudiantes, los desafían y les comunican altas expectativas. Por ejemplo, asignan actividades exigentes pero alcanzables, animan a los alumnos a perseverar ante las dificultades, hacen participar a todos por igual y no solo a aquellos alumnos más avanzados o extrovertidos, y cuando los interrogan esperan a que contesten sin derivar la pregunta a otro estudiante o dar la solución de inmediato.

✓ Muestran a los estudiantes que ellos pueden emprender acciones para superar sus problemas.
Los profesores muestran a los alumnos que los fracasos dependen de factores que ellos pueden cambiar (por ejemplo, técnicas de estudio, constancia, tiempo dedicado) y no de causas fuera de su control (por ejemplo, falta de habilidades), que los errores son oportunidades para aprender y que sus progresos se
deben al esfuerzo que cada uno ha invertido.

✓ Ayudan a que los estudiantes se movilicen para mejorar los aspectos en los que presentan dificultades.
Los profesores orientan a los alumnos para que adopten actitudes proactivas frente a las dificultades: los estimulan a que exploren alternativas, se fijen metas alcanzables, planifiquen las acciones concretas que deben emprender dividiéndolas en pequeños pasos, prioricen su tiempo en las actividades que son más
importantes, reconozcan cada avance como un éxito, identifiquen las estrategias que les han servido y aquellas que deben redefinir, y dan sugerencias para que mejoren.

✓ Entregan oportunidades para que cada estudiante se sienta capaz en algún área o actividad.
Los establecimientos se preocupan de que todos los alumnos tengan experiencias en las que puedan autorrealizarse y aportar, y valoran tanto las habilidades académicas como las no académicas. Por ejemplo, organizan actividades extracurriculares para que los estudiantes desarrollen sus habilidades en áreas diferentes a las asignaturas tradicionales, fomentan que participen en actividades de su interés o para las cuales tienen capacidades, dan espacios para que muestren el fruto de sus intereses personales y ofrecen oportunidades para que todos puedan contribuir.

✓ Incluyen actividades que generan interés en las diversas asignaturas.
Los profesores utilizan estrategias didácticas que favorecen que los estudiantes se involucren con el aprendizaje. Por ejemplo, relacionan lo que enseñan con la vida y los intereses de los alumnos, cuentan anécdotas e inician controversias amistosas relacionadas con lo que enseñan, usan el humor, hacen que los estudiantes analicen e infieran, y realizan actividades de aprendizaje variadas que incluyen trabajo colaborativo, “aprender haciendo”, juegos, movimiento físico, entre otros.

✓ Detectan tempranamente a los estudiantes que presentan dificultades académicas o socioafectivas, e implementan acciones de apoyo.
Los establecimientos identifican oportunamente a los estudiantes que requieren de apoyo adicional para su desarrollo, de manera que estos alumnos tengan las oportunidades para superar las dificultades y con ello prevenir la frustración escolar. Concretamente, los establecimientos analizan el desempeño de los alumnos; realizan o gestionan el diagnóstico cuando se requiere; implementan medidas como asignación de tutores, clases de nivelación, guías de apoyo, derivación a especialista y entrevistas con el apoderado, y monitorean su evolución.